La Mafia Narco en Río: “El Estado creó a estos criminales”

Por Luis R. Miranda
The Real Agenda
Diciembre 3, 2010

Helio Luz, ex-jefe de la Policía Civil, Rio de Janeiro.

Con gran revuelo hemos escuchado, leído y visto reportes en los medios de comunicación tradicionales sobre como la policía y los militares brasileños han tomado posesión del “monte del alemán” -morro do alemão- en Río de Janeiro, Brasil. Las imágenes han sido claras y no hay duda que la embestida policial ha chocado a propios y extraños. Pero eso es lo que cualquier ciudad en el mundo supuestamente debería hacer para mantener a sus ciudadanos seguros, verdad? Especialmente cuando Brasil será la sede de la copa mundial de fútbol en 2014 y los juegos olímpicos de 2016. Que mejor forma de aparentar estar en control que poner al ejército en las calles y arrestar a 20 narcotraficantes que viven en una área isolada de Río, de donde controlan gran parte del tráfico de drogas que circula dentro y a través de la ciudad.

Infelizmente, lo hecho en los últimos días por la policía, el ejercito y la marina brasileña es solo un show; un show de fuerza, para dar espectáculo a los televidentes, y aparentar ante el mundo que el gobierno aplica mano dura contra el crímen. Sin embargo, la realidad es otra; una que los medios no pueden mostrar, porque la policía, el ejército y la marina no lo incluyen en el show. Hemos visto parte de esta realidad escondida en la película, Tropa de Elite y la secuela Tropa de Elite II, que fue presentada en cinemas hace unas semanas. La realidad es que, como en otras latitudes, el crimen organizado; específicamente el que está ligado al narcotráfico, es controlado por las mismas fuerzas policiales que dicen estar combatiéndolo. Como ya lo hemos documentado, esto sucede en Colombia, México, América Central y Estados Unidos, para dar varios ejemplos.

En Brasil, no es diferente. No es necesario ser un privilegiado de la información para darse cuenta que las bandas roba bancos, las de secuestradores y los carteles del narco están compuestas y en muchos casos controladas por la policía, y/o el ejército. Es uno de esos secretos que todo mundo sabe, pero ante el que todos se hacen de la vista gorda. Entonces, que mejor que preguntarle a una persona que estuvo en medio de esa “lucha contra el narco” y que todavía se mantiene muy en contacto con el asunto. Helio Luz es el ex-jefe de la Policía Civil de Rio de Janeiro, y como pocos, conoce la realidad del crimen organizado en esa ciudad. “O Estado criou estes caras” -el Estado creó a estos criminales- asegura Luz. En una entrevista dada a la prensa brasileña, el ex-jefe de la policía dijo lo que muchos en su posición sabe, pero pocos se atreven a decir. Pero esta vez, hasta los comentaristas de fútbol en ESPN Brasil tuvieron que expresar su preocupación ante el circo que fue montado en Río.

Desde su residencia en Porto Alegre, al sur de Brasil, Helio Luz acompaño la acción de las fuerzas policiales y militares en el Complejo del Alemán –Complexo do Alemão-, donde fueron encontrados bandidos que habían sido expulsados de la Vila Cruzeiro, solo unos días atrás. “El Estado nunca tuvo una política de seguridad de medio o largo plazo,” dijo Luz. “Siempre actuó con una política de seguridad inmediata.” El ex-jefe de la Policía Civil conversó con medios de comunicación del Sur del país sobre la crisis en Río de Janeiro, de cara a los acontecimientos criminales y los preparativos para recibir la copa del mundo en 2014 y los juegos olímpicos en 2016. Luz se refirió especificamente a las características del Complejo del Alemán y a la corrupción policial.

El problema, dice Luz es que cuando los narcos son capturados por tráfico de drogas, son casi inmediatamente liberados. Según el ex-jefe policial, la mayoría de las veces los narcotraficantes no son ni siquiera fichados, y mucho menos procesados o juzgados. ¿Porqué? Pregunta Luz retóricamente. “Porque existen acuerdos para que esto no suceda”. Y agrega que los grupos de narcotraficantes existen porque la policía lo permite. “Hay acuerdos”, indica Luz. Según este ex policía, este tipo de crímen organizado no aparece de un día para otro, sino que lleva tiempo. En el caso de Río de Janeiro y la mayoría del país organizaciones como los carteles de la droga han estado creciendo por al menos 30 años. Luz revela que cuando los televidentes son testigos de acciones policiales como la que vimos en Río hace unos días, piensan que los narcotraficantes son enemigos del Estado, pero en realidad, dice él, “ellos son miembros del Estado”.

Cuando Luz fue consultado sobre si la policía de Río era tan corrupta como se mostró en las películas Tropa de Elite I y II, el dijo: “Es mucho peor”. Cuando los criminales son capturados en operaciones como las vistas en Río, ellos son llevados a los departamentos de policía y puestos en libertad casi instantáneamente. El problema con esta política es que si los narcos se ven muy ofuscados, se mudan de ciudad o de estado, lo cual hace que el problema se expanda a otros sitios. Para reforzar el hecho que la policía es directa e indirectamente responsable por la existencia de organizaciones criminales como las Río, Luz da otro ejemplo tajante.

En 1994, hubieron 140 personas secuestradas en la ciudad. El problema era muy serio. Los empresarios contrataban empresas de seguridad de norteamérica para cuidarlos.De repente, todo acabó. ¿Y porqué? Porque la Policía Antisecuestro dejó de secuestrar.

¿Porqué Rio aplaude la acción policial?

Antes del inicio de las redadas en las favelas de Río de Janeiro, muchos cariocas ya aplaudían a los policías y militares al pasar por las calles, pues se imaginaban que iba a suceder. Ese show de fuerza, pocas veces visto, pues en general las diferentes fuerzas policiales rivalizan, ha sido visto con buenos ojos por la mayor parte de la población. La inseguridad es tan grande en la grande Río que cualquier señal de presencia policial es inmediatamente aplaudida y venerada. A pesar de la violencia entre policías y narcotraficantes, los grupos armados del gobierno se hacen llamar UPP’s, o Unidades Policiales Pacificadoras. Y ¿porqué aplaude la gente? Porque como parte de las redadas, estos militares de fuerzas especiales han recuperado territorios en las favelas que hasta hace poco pertenecían a los narcos.

Para Tião Santos, coordinador del Proyecto de Seguridad Pública y Juventud del Movimiento Viva Río, las unidades policiales no resuelven el problema de seguridad, porque tan pronto estas se retiren, los territorios serán paulatinamente retomados por los narcotraficantes, como ha sucedido siempre. “La única ventaja, es que traen alguna tranquilidad por algún tiempo.” Sin embargo, esta tranquilidad es efímera, algo así como lo que se vive en territorios ocupados, en zonas de guerra. Tal es el caso de Afganistán hoy. El gobierno local solo controla las áreas cercanas a la capital Kabul, el resto del país es tierra de nadie, y según muchos observadores, no tardará mucho tiempo después de que las fuerzas militares extranjeras salgan -si es que algún día salen- para que los antiguos ocupantes retomen el poder.

Entonces, ¿cuál es la salida real a esta brutal realidad?

Como lo dijo un comentarista de ESPN Brasil, esta historia no cambiará hasta que jueces, abogados, policías, alcaldes y otros políticos corruptos sean encarcelados. Es claro que la corrupción es el más grande mal que carcome a la ciudad de Río en todos sus niveles, pero más especialmente el ámbito policial. Desde luego esta corrupción va más allá del gobierno. La prensa, como en muchos otros países es cómplice pues no denuncia tajantemente dicha corrupción, y más bien perpetúa falsas realidades que mantienen el secuestro, el tráfico de drogas, los asesinatos y otros crímenes como parte del pan de cada día en la majestuosa ciudad de Río de Janeiro.

Basta leer los periódicos del país para darse cuenta como el enfoque de los medios es absolutamente oficialista, apoyando las embestidas militares cada vez que suceden, mientras esconde el orígen del problema. Aunque muchos achacan a la pobreza parte de este terror urbano, la verdad es que pobreza en Río y el resto de Brasil es consecuencia de los altísimos niveles de corrupción estatal que por cierto avanza impune año con año. Parte de esa corrupción se esfuerza por mantener a la población pobre e ignorante.

Públicamente se cree que el hecho que el gobierno da cestas básicas a los más pobres, o que aumenta el salário mínimo de 500 a 540 reales por mes -unos 300 dólares- es señal de que el gobierno está haciendo su trabajo a la perfección. Mientras tanto, la renta de un apartamento pequeño cuesta entre 300 y 700 reales. Cualquiera en Brasil tiene teléfono celular, moto o carro, -aunque no lo pueda pagar- y eso es visto como señal de progreso. Esa falta de educación del pueblo, junto con la participación de la clase media que en el caso de Brasil deja que las cosas continúen igual, se añade a la mediocridad estatal y los abusos de poder y tráfico de influencias que es un acontecimiento cotidiano.

En Brasil, el ciudadano debe pagar alrededor de 500 dólares para obtener su licencia de conducir. Recordemos que el salário mínimo es de 300 pero solo para quienes trabajan formalmente. Cualquier servicio prestado por el Estado o empresas privadas acarrean impuestos de entre 30 y 50 por ciento que llenan los cofres de un gobierno que no tiene tiempo suficiente para repartirse el botín, pero que le falta honestidad y respeto por sus propios ciudadanos.

Entonces, la salida a la triste realidad que vive Río y que vive Brasil, no es militarizar las calles, los barrios, las ciudades; sino -y a falta de un sistema educativo real- que la prensa como único medio de transferencia de información, discuta la realidad del país, no la que el gobierno quiere presentar. Esto servirá para el brasileño abra los ojos, verdaderamente se eduque y entonces demande responsabilidad y respeto de sus gobernantes. Mientras los brasileños estén conformes con la miseria en la que viven o continúen funcionando basados en la impotencia aprendida a través de generaciones, ninguna fuerza policial o militar acabará con el cáncer de la corrupción, el narcotráfico o el crimen organizado.