Oficial de la ONU: Política Climática es para Redistribuir Riqueza

Ottmar Edenhofer confirma que la política ambientalista es para confirmar el modelo neo-feudalista

Por Luis R. Miranda
The Real Agenda

Las afirmaciones hechas por los escépticos del cambio climático -que hay motivos no descritos detrás de la legislación sobre el cambio climático fueron confirmados por un miembro destacado del Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC) de las Naciones Unidas.

En una entrevista con NZZ Online Sunday de Alemania, Ottmar Edenhofer declaró: “Redistribuimos de hecho la riqueza del mundo a través de la política climática.”

La entrevista fue como sigue:

(NZZ AM Sonntag): Lo nuevo acerca de su propuesta de un Acuerdo Global es la presión sobre la importancia de desarrollar políticas para aplicarlas como política climática. Hasta ahora, muchos piensan que las políticas de desarrollo son políticas de ayuda.

Ottmar Edenhofer: “Eso va a cambiar de inmediato si los créditos de emisiones de carbono se distribuyen a nivel mundial. Si esto sucede, sobre una base por persona, África será el gran ganador, y enormes cantidades de dinero fluirá para allá.”

Esta es la falsa idea de que si los países que no contaminan tanto como los industrializados, venden sus créditos a quienes contaminan, esto traerá prosperidad inmediatamente. Los que los globalistas que apoyan el esquema de créditos de carbono no dicen, es que esto legalizara, de hecho, la polución por parte de las grandes corporaciones, pues mientras estas tengan fondos para pagar por esos créditos, nunca tendráan que dejar de contaminar el planeta.

Edenhofer pone en duda sin embargo, la capacidad de los países de administrar los fondos que recibirán como resultado de los créditos vendidos. “Esto tendrá enormes implicaciones para la política de desarrollo. Y se plantea la pregunta de si estos países pueden tratar de manera responsable con tanto dinero.” Esta afirmación concuerda totalmente con la segunda parte del plan que los globalistas tienen y que han propuesto, de crear una burocracia global, que administre los fondos destinados a la conservación ambiental. Este órgano -no electo por voto popular- será el que determine que se hace con los dineros y cual país los recibirá y en que cantidades.

Obviamente y según documentos de la reunión de Copenhague, el órgano burócrata demandará que los países lleven a cabo una serie de cambios en sus políticas industriales, como reducir las emisiones exageradamente -a niveles de la época pre-industrial- lo cual efectivamente acabará con la actual calidad de vida. Adicionalmente, una vez que los países firmen el documento final, estos no podrán retirarse del tratado en un futuro si así lo desean.

(NZZ): Eso no suena más como la política sobre el clima que conocemos.

(Edenhofer): “Básicamente es un gran error discutir política climática por separado de los principales temas de la globalización. La cumbre del clima en Cancún a finales del mes no es una conferencia sobre el clima, sino una de las mayores conferencias económicas desde la Segunda Guerra Mundial. ¿Por qué? Debido a que tenemos 11 000 gigatoneladas de carbono en las reservas de carbón en el suelo bajo nuestros pies – y tenemos que emitir sólo 400 gigatoneladas en la atmósfera si se quiere mantener el objetivo de 2 grados. 11.000 a 400 – hay que reconocer el hecho de que la mayoría de las reservas fósiles deben permanecer en el suelo.” ¿Cómo pretenden los globalistas traer progreso y desarrollo al mundo subdesarrollado si no se usan los recursos energéticos que cada país y cada continente posee? Lo cierto es que parte de esta política climática pretende que el Tercer Mundo nunca sepa lo que es el desarrollo. ¿De que vale tener dinero para desarrollarse si no se tiene energía, infraestructura y condiciones mínimas de salud y educación? Es que los globalistas no pretenden brindar esas oportunidades a América Latina, África o Asia. Por eso es que para los que apoyan la legislación global del cambio climático todo esto tiene tanto sentido. Y ni siquiera se ha discutido el hecho de que el alarmismo y los alarmistas del cambio climático han sido ampliamente expuestos así como el fraude que pretenden aprobar.

(NZZ): De hecho, esto significa una expropiación de los países con recursos naturales. Esto conduce a un desarrollo muy diferente del que ha sido provocada por la política de desarrollo.

(Edenhofer): “En primer lugar, los países desarrollados han expropiado básicamente la atmósfera de la comunidad mundial. Pero hay que decir claramente que redistribuiremos la riqueza del mundo a través de la política climática. Obviamente, los dueños de carbón y el petróleo no van a ser entusiastas acerca de esto.” Lo que Edenhofer está exponinedo es muy importante y debe ser entendido. En el nuevo mundo, donde burocrácias internacionales controlan todo y a todos, no habrá respeto por la propiedad privada, y mucho menos respeto por la soberanía de los países. Esta ha sido una de las afirmaciones más claras que se han escuchado de los globalistas. Inclusive, el presidente de la Unión Europea lo ha dicho tajantemente. “La era en la que las naciones eran independientes y soberanas ha terminado y la idea de que los países pueden vivir independientes es una ilusión, una mentira.”

Edenhofer va aúm más allá de lo que muchos ambientalistas desearían, en una posición casi desafiante ante la masiva oposición que millones de personas han demostrado ante la corrupción y la demencia de los globalistas que quieren convertir a la población en ciervos. “Uno tiene que liberarse de la ilusión de que la política climática internacional es la política de medio ambiente. Esto no tiene nada que ver con la política ambiental más, con problemas como la deforestación o el agujero de ozono.” Para Edenhofer, como para muchos otros globalistas, cualquier legislación o acción sobre el cambio climático es una oportunidad para afianzar aúm más las garras del control, el monopólio y la tiranía.

El Centro para la Investigación de Medios reporta que Edenhofer fue “co-presidente del Grupo de Trabajo III del IPCC, y uno de los autores del Cuarto Informe de Evaluación del IPCC publicado en 2007, que terminó con la entonces polémica conclusión de que:” La mayoría del aumento observado en las temperaturas medias mundiales desde mediados del siglo 20 se debe muy probablemente al aumento observado en las concentraciones antropogénicas de gases de efecto invernadero. ”
Edenhofer confirmó lo que muchos estadounidenses y europeos han afirmado desde el principio: el fraudulento esquema de créditos de carbono penalizará el comercio de los países y la industria. El artículo del periódico American Chronicle titulado “Cap-and-Trade Energy Tax will Cause Redistribution of Wealth Among States and Working Families” “, cita información de la Oficina Presupuestaria del Congreso declarando que el famoso Cap & Trade le costaría a cada hogar un promedio de $ 1.600 por año. También aumentaría el precio de un galón de gasolina entre $ 0.61 a $ 2.53, y aumentaría los costos de electricidad en cualquier lugar de 44 por ciento a 129 por ciento.

Los pésimos resultados de adoptar políticas “verdes” son muy claros y hay muchos ejemplos para citar. Uno de ellos es España, donde la economía “verde” ha dejado en ruinas a cualquier sector que se ha involucrado con esta. Esto no sucede porque ser amigable con el ambiente significa ser incapaz de progresar, sino que las políticas ambientales formuladas pretenden la completa deindustrialización de la sociedad y además establecen claramente que el Tercer Mundo no debe alcanzar el desarrollo si se quieren mantener emisiones con niveles previos a la Revolución Industrial.

En 2009, Our Changing Globe escribió sobre el esquema de créditos de carbono: “La intención es que el mundo industrial pague cantidades gigantes de dinero al mundo subdesarrollado por no hacer nada en absoluto, y es fácil imaginar como la burocracia y la corrupción podrían crecer si este disparate alguna vez llegar a ser aprobado. ”

La defectuosa idea detrás del sistema de créditos de carbono es que las empresas sancionadas por contaminar trabajarán duro para reducir la contaminación, y aunque la tecnología en la actualidad no está disponible y no lo estará por mucho tiempo, personas como Obama prometen que EE.UU. reducirá su contaminación en un 80 por ciento, lo que lo llevaría de vuelta a los niveles que existían antes de la Revolución Industrial. Eso implica la completa de-industrialización y casi que la completa eliminación de la producción. Desde luego los globalistas lo tienen todo planeado, incluyendo el substituto perfecto para E.E.U.U. Según algunos estimados, China se convertirá en la economía más grande en 2012 y con esto, nadie necesitará a Estados Unidos. Este último ha concluido su ciclo como punta de lanza para avanzar la agenda globalista, y está siendo ahora despojado de sus medallas. Contrario a lo que personas como Edenhofer piensan, China, India y Rusia no pretenden reducir sus emisiones y por esto, la contaminación ambiental continuará.

Pero si el esquema de créditos de carbono, como lo dice Edenhofer, no pretende salvar el ambiente, que es entonces lo que pretende? La historia del falso ambientalismo se remonta por lo menos a 1990, cuando Maurice Strong, director de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente, actuando en representación de la familia Rothchild, propuso que un grupo pequeño de líderes mundiales debía magicamente llegar a la conclusión y plantar la idea de que los países desarrollados y sus economías eran una amenaza para el planeta y que estos debían colapsar con el fin de salvarnos de nosotros mismos. ¿No es la única esperanza para el planeta que el colapso de las civilizaciones industrializadas? ¿No es nuestra responsabilidad para que esto suceda?

Hoy en día, los progresistas liberales y marxistas usan la falsa idea de que el planeta está en peligro con el fin de negociar límites máximos, comercio y políticas de cambio climático que ni siquiera ayudan al ambiente, como lo explica Edenhofer en este artículo. Lo que el hoy difunto Chicago Climate Exchange, junto con las políticas de emisiones de carbono usualmente identificadas con nombres como “Leyes de Energía” o “Energía para el Futuro” las clases media y bajas de los países industrializados se verán obligados a financiar la corrupción y la burocracia de países cuyos gobernantes corruptos -en la bolsa de lo globalistas- han dejado degenerarse. El proceso de falso ambientalismo, entonces, extrae el dinero y los recursos de asalariados de clase media y baja y los redistribuye al resto del mundo.

A propósito, la confirmación de que el fraudulento esquema de créditos de carbono no tiene nada que ver con limpiar el ambiente, como lo confesó Edenhorf, viene en la misma semana que marca el primer aniversario desde que el escándalo del Climagate salió a la luz.