Papa Francisco y la “Guerra Sucia” en Argentina

POR MICHEL CHOSSUDOVSKY | THE REAL AGENDA | MARCH 20, 2013

El cónclave del Vaticano ha elegido el Cardenal Jorge Mario Bergoglio como Papa Francisco I

¿Quién es Jorge Mario Bergoglio?

En 1973, había sido nombrado “Provincial” de la Argentina por la Compañía de Jesús.Por este cargo, Bergoglio era el jesuita de más alto rango en Argentina durante la dictadura militar encabezada por el general Jorge Videla (1976-1983).

Más tarde se convirtió en obispo y arzobispo de Buenos Aires. El Papa Juan Pablo II lo elevó al rango de cardenal en 2001.

Cuando la Junta Militar entregó el poder en 1983, el presidente debidamente electo Raúl Alfonsín creó una Comisión de la Verdad respecto a los delitos vinculados a la “Guerra Sucia”.

La junta militar había sido apoyada secretamente por Washington.

El Secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger tuvo un papel detrás de la escena en el golpe militar de 1976.

El lugarteniente de Kissinger en América Latina, William Rogers, le dijo dos días después del golpe de Estado que “tenemos que esperar una buena cantidad de represión, probablemente una buena cantidad de sangre, en la Argentina en poco tiempo“…. (National Security Archive, 23 de marzo de 2006)

“Operación Cóndor”Irónicamente, un importante juicio comenzó en Buenos Aires el 5 de marzo de 2013, una semana antes de la investidura cardenal Bergoglio como Pontífice. El juicio en curso en Buenos Aires busca: “considerar la totalidad de los crímenes cometidos bajo la Operación Cóndor, una campaña coordinada por varias dictaduras apoyadas por Estados Unidos en América Latina en las décadas de 1970 y 1980 para perseguir, torturar y asesinar a miles de opositores de esos regímenes”.Para más detalles, consulte Operation Condor: Trial On Latin American Rendition And Assassination Programde Carlos Osorio y Peter Kornbluh, 10 de marzo de 2013La junta militar encabezada por el general Jorge Videla fue responsable de asesinatos, incluyendo el de un sinnúmero de sacerdotes y monjas que se opusieron al dominio militar tras el golpe de estado del 24 de marzo de 1976, patrocinado por la CIA, que derrocó al gobierno de Isabel Perón:

“Videla fue uno de los generales culpables de crímenes contra los derechos humanos, incluyendo las “desapariciones”, torturas, asesinatos y secuestros. En 1985, Videla fue condenado a cadena perpetua en la prisión militar de Magdalena.”

Wall Street y la agenda económica neoliberal

Una de las citas clave de la junta militar (bajo instrucciones de Wall Street) fue el ministro de Economía, José Alfredo Martínez de Hoz,miembro de establishment comercial de la Argentina y gran amigo de David Rockefeller.El conjunto de medidas macro-económicas neoliberales medidas adoptadas por Martínez de Hoz eran una “copia” de las impuestas en octubre de 1973 en Chile por la dictadura de Pinochet bajo el asesoramiento de los “Chicago Boys”, tras el golpe de Estado del 11 de septiembre 1973 y la muerte del presidente Salvador Allende.Los salarios fueron congelados inmediatamente por decreto. El poder adquisitivo real se desplomó más de un 30 por ciento en los 3 meses siguientes al golpe militar del 24 de marzo de 1976. (Estimaciones del autor, Córdoba, Argentina, julio de 1976). La población argentina se empobreció.

Bajo el mando del Ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, la política monetaria del Banco Central fue determinada en mayor medida por Wall Street y el FMI. El mercado de divisas fue manipulado. El peso fue sobrevaluado deliberadamente para conducir a una deuda externa impagable. La economía nacional se precipitó a la bancarrota.

Wall Street y la jerarquía de la Iglesia Católica

Wall Street estaba firmemente detrás de la junta militar que libró la “Guerra Sucia” en su nombre. A su vez, la jerarquía de la Iglesia Católica desempeñó un papel central en el mantenimiento de la legitimidad de la Junta Militar.

La Orden de Jesús – que representaba la facción conservadora más influyente dentro de la Iglesia católica, estrechamente relacionada con las elites económicas de la Argentina – estaba firme detrás de la junta militar, en contra de los llamados “izquierdistas” del movimiento peronista.

“Guerra Sucia”: las acusaciones contra el cardenal Jorge Mario Bergoglio

En 2005, la abogada de derechos humanos Myriam Bregman presentó una querella criminal contra el cardenal Jorge Bergoglio, acusándolo de conspirar con la junta militar en 1976 en el secuestro de dos sacerdotes jesuitas.

Bergoglio, quien en ese momento era “Provincial” de la Compañía de Jesús, había ordenado a dos sacerdotes jesuitas “izquierdistas”, “terminar su trabajo pastoral” (es decir, que fueran despedidos) producto de las divisiones dentro de la Compañía de Jesús respecto al papel de la Iglesia Católica y sus relaciones con la Junta militar.

Condenar la dictadura militar (incluyendo las violaciones de derechos humanos) era un tabú dentro de la Iglesia Católica. Mientras que las altas esferas de la Iglesia apoyaban a la Junta militar, las bases de la Iglesia se opusieron firmemente a la imposición del régimen militar.

En 2010, sobrevivientes de la “guerra sucia”, acusaron al cardenal Jorge Bergoglio de complicidad en el secuestro de dos miembros de la Compañía de Jesús, Francisco Jalics y Orlando Yorio, (El Mundo, 8 de noviembre de 2010)

En el curso del juicio iniciado en 2005, “Bergoglio dos veces invocó su derecho en virtud de la legislación argentina de negarse a comparecer en audiencia pública, y cuando finalmente testificó en el año 2010, sus respuestas fueron evasivas”:

“Por lo menos dos casos involucran directamente a Bergoglio. Uno se relaciona con la tortura de dos de sus sacerdotes jesuitas – Orlando Yorio y Francisco Jalics – que fueron secuestrados en 1976 en los barrios pobres donde abogaban por la teología de la liberación. Yorio acusó a Bergoglio de haberlo efectivamente entregado a los escuadrones de la muerte… al negarse a decirle al régimen que apoyaba su labor. Jalics se negó a hablar de ello después de mudarse a reclusión en un monasterio alemán.” (Los Angeles Times, 1 de abril de 2005)
Las acusaciones dirigidas contra Bergoglio respecto a los dos sacerdotes jesuitas secuestrados no son más que la punta del iceberg. Así como Bergoglio era una figura importante en la Iglesia católica, ciertamente no era el único que apoyó la Junta Militar.Según el abogado de Myriam Bregman: “las declaraciones del propio Bergoglio demostraron que funcionarios de la iglesia sabían desde el principio que la junta estaba torturando y asesinando a sus ciudadanos, y sin embargo, respaldaron públicamente a los dictadores.” La dictadura no podría haber funcionado de esta manera sin este apoyo clave“. (Los Angeles Times, 1 de abril 2005, énfasis añadido)La jerarquía católica entera estaba detrás de la dictadura. Vale la pena recordar que el 23 de marzo de 1976, en vísperas del golpe militar:
Videla y otros conspiradores recibieron la bendición del arzobispo de Paraná, Adolfo Tortolo, quien también se desempeñó como vicario de las fuerzas armadas. El mismo día de la toma de posesión, los líderes militares tuvieron una larga reunión con los dirigentes de la Conferencia Episcopal. Al salir de esa reunión, el arzobispo Tortolo declaró que si bien “la iglesia tiene su misión específica… hay circunstancias en las que no pueden abstenerse de participar, incluso cuando se trata de problemas relacionados con el orden específico del Estado.” Él instó a los argentinos a “cooperar de manera positiva” con el nuevo gobierno“. (The Humanist.org, enero de 2011, énfasis añadido)
En una entrevista con El Sur, el general Jorge Videla, quien actualmente cumple una pena de cadena perpetua confirmó que:
Mantuvo a la jerarquía católica del país informada sobre la política de su régimen de “desaparecer” a los opositores políticos, y que los líderes católicos ofrecieron consejos sobre cómo “manejar” dicha política.
Jorge Videla dijo que tuvo “muchas conversaciones” con el prelado de Argentina, el cardenal Raúl Francisco Primatesta, sobre la guerra sucia de su régimen contra activistas de izquierda. Dijo también que hubo conversaciones con otros obispos importantes de la Conferencia Episcopal Argentina, así como con el nuncio papal en el país en ese momento, Pío Laghi.
Ellos nos aconsejan sobre la manera de hacer frente a la situación“, dijo Videla” (Tom Henningan, Former Argentinian dictator says he told Catholic Church of disappeared, Irish Times, 24 de julio de 2012, énfasis añadido)
Al apoyar a la Junta militar, la jerarquía católica fue cómplice de los asesinatos y la tortura en masa, un estimado de “22.000 muertos y desaparecidos, desde 1976 hasta 1978… Miles de víctimas adicionales fueron asesinados entre 1978 y 1983, cuando los militares fueron depuestos.”(National Security Archive, 23 de marzo 2006).

La Iglesia Católica: Chile versus Argentina

Vale la pena señalar que, a raíz del golpe militar en Chile el 11 de septiembre de 1973, el cardenal de Santiago de Chile, Raúl Silva Henríquez, condenó abiertamente la junta militar encabezada por el general Augusto Pinochet. En marcado contraste con Argentina, esta postura de la jerarquía católica en Chile fue fundamental para frenar la ola de asesinatos políticos y violaciones de derechos humanos dirigidas contra partidarios de Salvador Allende y opositores al régimen militar.Si Jorge Mario Bergoglio hubiese adoptado una postura similar a la del Cardenal Raúl Silva Henríquez, miles de vidas se habrían salvado.

La “Operación Cóndor” y la Iglesia Católica

La elección del cardenal Bergoglio en el cónclave del Vaticano para servir como Papa Francisco I tendrá repercusiones inmediatas en el presente juicio contra la “Operación Cóndor” en Buenos Aires.

La Iglesia estuvo involucrada en el apoyo a la Junta Militar. Esto es algo que emergerá durante el curso de las actuaciones judiciales. Sin duda, habrá intentos para ocultar el papel de la jerarquía católica y del recién nombrado Papa Francisco I, quien se desempeñó como jefe de la orden jesuita en Argentina durante la dictadura militar.

Jorge Mario Bergoglio: ¿”El Papa de Washington en el Vaticano”?

La elección del Papa Francisco I tiene amplias implicaciones geopolíticas para toda la región de Latinoamérica.

En la década de 1970, Jorge Mario Bergoglio apoyó a una dictadura militar de patrocinio estadounidense.

La jerarquía católica en la Argentina apoyó al gobierno militar.

Los intereses de Wall Street se mantuvieron a través de la oficina de José Alfredo Martínez de Hoz en el Ministerio de Economía.

La Iglesia Católica en América Latina es políticamente influyente. También posee control sobre la opinión pública. Esto es conocido y comprendido por los arquitectos de política exterior estadounidense.

En América Latina, donde varios gobiernos están ahora desafiando la hegemonía de Estados Unidos, uno podría esperar – dada la trayectoria de Bergoglio – que el nuevo Pontífice Francisco I como líder de la Iglesia Católica, jugará de facto, un discreto rol político “encubierto” a nombre de Washington.

Con Jorge Bergoglio, el Papa Francisco I, en el Vaticano (que sirvió fielmente a los intereses estadounidenses en el apogeo del general Jorge Videla) la jerarquía de la Iglesia Católica en América Latina puede volver a ser efectivamente manipulada para socavar a los gobiernos “progresistas” (de izquierda), no sólo en la Argentina (respecto del gobierno de Cristina Kirchner), sino en toda la región, incluyendo Venezuela, Ecuador y Bolivia.

El restablecimiento de un “Papa pro-estadounidense” se produjo una semana después de la muerte del presidente Hugo Chávez.

¿El Papa de Washington y Wall Street en el Vaticano?

El Departamento de Estado norteamericano presiona rutinariamente a los miembros del Consejo de Seguridad con miras a influir en la votación relativa a las resoluciones del Consejo.

Operaciones encubiertas y campañas de propaganda estadounidenses se desarrollan rutinariamente con objeto de influir en las elecciones nacionales en diferentes países alrededor del mundo.

¿El gobierno estadounidense habrá intentado influir en la elección del nuevo pontífice? Jorge Mario Bergoglio era el candidato preferido por Washington.

¿Hubo presiones encubiertas ejercidas discretamente por Washington, dentro de la Iglesia Católica, directa o indirectamente, a los 115 cardenales que son miembros del cónclave del Vaticano, para llevar a la elección de un pontífice que fielmente sirve a los intereses de la política exterior estadounidense en América Latina?

Nota del Autor

Desde el comienzo del régimen militar en 1976, fui profesor visitante en el Instituto de Política Social de la Universidad Nacional de Córdoba, Argentina. Mi principal objetivo de investigación en ese momento era investigar los efectos sociales de las letales reformas macroeconómicas aprobadas por la Junta Militar.

Impartí clases en la Universidad de Córdoba durante la primera oleada de asesinatos que también apunto a miembros del clero católico de base progresista.

La ciudad norteña industrial de Córdoba era el centro del movimiento de resistencia. Fui testigo de cómo la jerarquía católica activa y sistemáticamente apoyó a la junta militar, creando un clima de intimidación y temor en todo el país. El sentimiento general era en ese entonces que los argentinos habían sido traicionados por las altas esferas de la Iglesia Católica.

Tres años antes, al momento del golpe militar del 11 de septiembre de 1973 en Chile, que llevó al derrocamiento del gobierno de la Unidad Popular de Salvador Allende, era profesor visitante del Instituto de Economía de la Universidad Católica de Chile, en Santiago de Chile.

Inmediatamente después del golpe de Estado en Chile, fui testigo de cómo el cardenal de Santiago, Raúl Silva Henríquez, actuando a nombre de la Iglesia Católica, se enfrentó a la dictadura militar.

Michel Chossudovsky es autor galardonado, Profesor de Economía (Emérito) de la Universidad de Ottawa, Director del Centre for Research on Globalization (CRG), y Editor de globalresearch.ca. Es el autor de Globalization of Poverty and The New World Order (2003) y America’s “War on Terrorism” (2005). También es colaborador de la Enciclopedia Británica. Sus escritos publicados se encuentran en más de veinte idiomas.

 

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