La riqueza y desigualdad extremas son responsables del collapso de la Humanidad

Los ingresos anuales de las 100 personas más ricas es suficiente para acabar con la pobreza mundial cuatro veces, dice informe.

POR LUIS MIRANDA | THE REAL AGENDA | ENERO 21, 2012

Nos guste o no, el dinero manda y entre más concentrados están el dinero y el poder, más concentradas estarán la riqueza y la pobreza. La cuestión no es si la concentración de dinero, recursos y el proceso de toma de decisiones perjudica al mundo como un todo. Tenemos muchos ejemplos en el siglo 20 para citar en cualquier conversación. La pregunta que pocos se hacen, pero que las élites han respondido ya, es como debería encaminarse la riqueza de un bolsillo a otro.

Está claro que el puñado de familias que lo controlan todo no lo adquirieron a través de medios legales, morales y éticos. Lo han acumulado a través de décadas o quizás siglos de poseer monopolios cuidadosamente construidos. Se las arreglaron para crear y mantener monopolios de toda actividad humana importante y fue así cómo la riqueza se movió a sus arcas durante décadas.

A pesar de saber quienes son los verdaderos ricos y cómo se las han arreglado para aumentar su poder y control sobre el resto de la población, el 99,9% de los políticos – que abiertamente trabajan para ellos – siguen funcionando como guardianes, diciendo a sus representados que los ricos son los que ganan entre $ 250.000 y $ 1 millón y que esas personas supuestamente ricas deben pagar más impuestos para ayudar a combatir la crisis económica actual. Así es como los más ricos están llevando a cabo la mayor transferencia de dinero de la clase media y los pobres en la historia.

La desigualdad ha crecido de manera exponencial sin duda, pero del mismo modo que ha crecido sin control podría también haber sido erradica. La pobreza y la desigualdad no se han eliminado porque los verdaderamente poderosos no tienen la intención de hacerlo. Cuando se habla de poner fin a la extrema riqueza, los participantes en ese debate deben entender que la riqueza extrema seguirá existiendo siempre que los monopolios sean la base de todos los modelos de desarrollo. Esos monopolios incluyen los gestionados por las grandes corporaciones, así como el menor número aún controlado por los gobiernos.

Si la riqueza extrema – cuando se utiliza correctamente – tiene el potencial de acabar con la pobreza mundial cuatro veces, como dice el informe de Oxfam, significa que el mundo tiene la herramienta que necesita para acabar con la pobreza. Esto nos lleva a mirar cómo la pobreza puede ser abordada. Como el informe señala correctamente, la clave es abordar la desigualdad, es decir, ayudar a la riqueza a pasar por más manos.

Como se ha visto en la última década, las élites no están dispuestas a renunciar a sus monopolios. De hecho,  han logrado fortalecerlos aún más, lo que debilita el proceso de toma de decisiones a nivel nacional. Eso es exactamente lo contrario de lo que se necesita. El verdadero desarrollo y crecimiento – el que no se basa en falsos productos y servicios financieros – sólo se hará realidad si los países establecen una manera nueva, sin precedentes para hacer negocios. El nuevo modelo debe incluir desprenderse de las organizaciones y grupos que esposaron su libertad para decidir su propio destino y gobernar realmente para sus pueblos.

En estos momentos, las corporaciones que actúan a través de organizaciones supranacionales dictan las políticas que los gobiernos deben seguir con respecto al uso de sus recursos. El mismo modelo es seguido por los organismos financieros internacionales, que todavía dictan las políticas económicas y financieras que han de seguirse en el plano mundial. Las políticas que dieron a los más ricos su riqueza y poder se han extendido en lugar de haber sido diluidas. En este escenario, no hay forma de acabar con la pobreza y hacer frente a la desigualdad.

“A nivel mundial, el 1% (60 millones de personas), y en particular el aún más selecto 0,01% (600.000 personas – hay alrededor de 1.200 multimillonarios en el mundo -, en los últimos treinta años ha tenido un increíble frenesí. Esto no se limita a los EE.UU., o incluso a los países ricos. En el Reino Unido, la desigualdad está rápidamente volviendo a niveles no vistos desde la época de Carlos Dickens. En China el 10% más rico de la poblacián acumula cerca del 60% de los ingresos. “

Pero la desigualdad es aún mayor en los países más pobres, donde los líderes son aún más propensos a aceptar sobornos de las corporaciones y las organizaciones internacionales a fin de cederles poder y riqueza. “A nivel mundial los ingresos del 1% más rico ha aumentado un 60% en veinte años. El crecimiento de los ingresos del 0,01% ha sido aún mayor “, dice el informe de Oxfam.

A pesar de que la actual crisis mundial se presentó como una gran oportunidad para que los gobiernos se  replantearan sus formas de administrar la economía, la última década ha transcurrido sin ningún tipo de logros significativos para poner fin a la desigualdad. De hecho, la desigualdad ha crecido hasta tal punto que “el mercado de bienes de lujo ha registrado un crecimiento de dos dígitos cada año desde que se desató la crisis. Si se trata de un coche deportivo o un super-yate, caviar o champán, nunca ha habido una mayor demanda de los lujos más caros “.

Organizaciones como el Fondo Monetario Internacional, la entidad que prosperó mientras destruía naciones del tercer mundo mediante la imposición de un modelo de desarrollo basado en la deuda, advierte sobre la posibilidad de que la desigualdad podría llevar a disturbios civiles. Pero el FMI no emite la advertencia como un llamado a un cambio real con respecto a la desigualdad a pesar de que una de las principales consecuencias de la concentración de la riqueza es la destrucción del sistema económico.

Eso es correcto. Tener más pobreza y desigualdad es más costoso que tener igualdad, pero a los dueños de los monopolio no les importa porque ellos no son los que pagan la factura. Los países, mediante la aceptación de los modelos económicos y financieros que crean la pobreza extrema y la desigualdad, son los que terminan pagando la cuenta. Si no es así, los gobiernos cobran impuestos altísimos a la clase media y los pobres para pagar los intereses sobre su deuda; o entonces ceden grandes porciones de tierra y recursos que de otra manera habrían creado riqueza y crecimiento en sus naciones.

“Hay simplemente un límite a la cantidad de yates de lujo que una persona pueda desear o poseer. Los salarios en muchos países apenas han aumentado en términos reales durante muchos años, con la mayoría de las ganancias dirigidas al capital. Si este dinero fuese repartido uniformemente por toda la población, entonces daría a más personas más poder adquisitivo, lo que a su vez impulsaría el crecimiento y reduciría la desigualdad “, dijo el multimillonario Nick Hanauer. Eso todavía mantendría al 1% en la parte superior, pero permitiría a los pobres y la clase media mejorar sus condiciones de vida a pasos agigantados.

Desafortunadamente, la mayoría de los multimillonarios no piensan como Hanauer. A pesar de que la extrema riqueza en manos de unas pocas familias deprime la demanda y limita o incluso erosiona el crecimiento, es eso lo que los globalistas que hacen parte del 1% quieren. Ellos ya tienen todo lo que quieren y más, así que seguidamente les niegan al resto de la gente la posibilidad de alcanzar los mismos niveles de éxito, pues para ellos la igualdad eventualmente representaría una oportunidad potencial para su reinado sea cuestionado. Es precisamente de este pensamiento de donde las élites produjeron el modelo de gobierno que condujo el mundo durante el último siglo.

La concentración de la riqueza ha funcionado bastante bien para las élites, que con éxito se infiltraron en las entidades gubernamentales para presionar a los políticos y destruir repúblicas de adentro hacia afuera. El dinero y el poder han corrompido a la clase política, que al principio de la historia ocupaba un cargo público simplemente para gestionar un marco burocrático sencillo. “En el Reino Unido, el partido gobernante (conservador) recibe más de la mitad de sus donaciones de la industria de servicios financieros. La captura de los políticos por las élites es también muy frecuente en los países en vías de desarrollo, dando lugar a políticas que benefician a los más ricos y no a la mayoría pobre, incluso en las democracias “, confirma el informe de Oxfam.

Pero el poder de las élites no sólo ha sido utilizado para comprar políticos en todas partes. También fue utilizado para conducir las divisiones sociales, las guerras raciales y la lucha de clases. El hecho de que más personas viven en la pobreza y la miseria dificulta la movilidad social, lo que garantiza aún más la pobreza y la desigualdad al tiempo que promueve la volatilidad social. La desigualdad es quizá la enfermedad más peligrosa, ya que promueve la violencia, daña la salud mental, aumenta la delincuencia y destruye las sociedades. Ese ambiente es exactamente el lugar en el que las grandes corporaciones – de propiedad de las elites – prosperan más. Sociedades destruidas y que carecen de identidad son suelos fértiles para la inseguridad, el uso masivo de productos farmacéuticos, la militarización y la vigilancia.

Un uso desigual de la riqueza y los recursos también se traduce en el agotamiento de los recursos naturales, no por el pueblo, como los globalistas quieren hacernos creer, sino por las grandes corporaciones que abusan muchas reservas naturales para producir grandes cantidades de baratijas que sirven como distracciones para esclavizar a la población, mientras causan graves daños al medio ambiente. La gente pobre o gente de clase media no puede ser más culpada de la degradación del medio ambiente que la clase oligarca que abusa de los recursos naturales para la fabricación de trastos inútiles que nadie necesita, pero que todo el mundo quiere tener. La sustentabilidad, cuando no secuestrada por el falso movimiento ambientalista, el cual es apoyado por la élite, es un objetivo deseable, siempre y cuando no prevenga que las naciones del tercer mundo puedan disfrutar de los beneficios ya experimentados en los países ricos, donde se encuentra la mayor concentración de la riqueza.

Las sociedades desiguales en última instancia, llegan a ser inmorales. Una población corrupta, mentalmente enferma mental es más conformada y abierta a la violencia como una cosa normal. Tome Brasil como ejemplo. Pocos países en el mundo en desarrollo experimentan un grado tan alto de ineficiencia, corrupción y conformismo social, como en Brasil. Se podría decir que la degeneración está en el ADN de la mayoría de los brasileños y el resultado esperado es la degeneración masiva.

Desafortunadamente, informes como el publicado por Oxfam decepciona cuando se trata de encontrar soluciones para poner fin a la pobreza y la desigualdad. El informe alaba a Bill Gates y Warren Buffet por ‘deshacerse’ de sus fortunas y cita su acción como un ejemplo para otros multimillonarios, como si no nos diéramos cuenta de la falacia detrás de sus empresas caritativas. También pide que se formen programas socialistas masivos patrocinadas por el gobierno para darle baratijas gratis a todo el mundo que lo desee. Propone que se use dinero del gobierno – entiendase de los contribuyentes – para mantener a las personas que se quedan sin trabajo, en lugar de promover la autonomía personal y la responsabilidad a través del ahorro y la gestión adecuada de los ingresos a nivel individual o de la familia.

Hacia el final, pide la creación de regulaciones gubernamentales e impuestos como instrumentos para el control de la riqueza extrema. Los autores se contradicen ya que anteriormente señalaron que los políticos en el gobierno no han hecho otra cosa que trabajar para las élites y han sido cómplices del actual nivel de extrema desigualdad. Es evidente que ningún gobierno tiene el coraje de cobrar impuestos efectivamente al 1%, de la misma forma que tienen la voluntad de cobrarlos de la clase media y los pobres. Es difícil ver cómo los políticos que ayudaron a los ricos a llegar a donde están, de repente se volverán contra ellos.

El informe de Oxfam cita sugiere el uso de impuestos progresivos como la mejor herramienta para llevar a cabo una ‘adecuada’ redistribución de la riqueza. ¿No es este el sueño de Barack Obama? También es el futuro previsto por Hugo Chávez, Fidel Castro y el cabal anglosajón que en 2012 logró ganar el control completo de la Unión Europea. El informe pone a Warren Buffet en un pedestal por pedir más impuestos para los ricos, lo que realmente significa hacer lo que Obama acaba de hacer en Estados Unidos: imponer más impuestos a la clase media, no al 1%. Oxfam quiere un impuesto mínimo global, que con toda seguridad será recogido por el Banco Mundial o una organización supranacional similar, sin rendir cuentas a ningún Estado.

No, la desigualdad extrema no terminará imponiendo más impuestos a nadie. De hecho, siempre que se imponen menos impuestos los gobiernos acaban recaudando más dinero. Si alguien quiere poner fin a la pobreza extrema, la respuesta no es dar más poder a los ultra ricos, sino poner fin a los monopolios que eliminan la competencia real, impiden la innovación, estancan el crecimiento económico, destruyen las pequeñas y medianas empresas en todas partes y acumulan dinero y recursos en pocas manos.

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